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La Recuperación de las Libertades y la Normalización de las Relaciones Internacionales

Los objetivos generales de la política exterior durante los dos gobiernos de Adolfo Suárez, ambos con Marcelino Oreja en el puesto de ministro de Asuntos Exteriores, eran los de la normalización de las relaciones  internacionales y  tratar de poner a España a la altura de las democracias de la Europa occidental. El consenso alcanzado sirvió perfectamente para alcanzar estos dos objetivos; fue notable el papel, normalmente ocupado por un político de Estado, que desempeñó  el rey Juan Carlos quien, con una intensa agenda internacional, contribuyó decisivamente al éxito de la política exterior.

Se establecieron relaciones diplomáticas con todas las naciones del mundo excepto Israel, Albania y Corea del Norte y se normalizaron las relaciones diplomáticas con los países socialistas, incluyendo la Unión Soviética el 9 de febrero de 1977, y con México, que había mantenido una postura de solidaridad con la España republicana y su Gobierno en el exilio,  el 28 de marzo de 1977. Fueron replanteadas las tradicionales relaciones con Latinoamérica; la retórica del pasado fue reemplazada por unas opciones viables de cooperación. Un paso significativo en este proceso fue, por ejemplo, la sustitución del Instituto de Cultura Hispanoamericana por el Instituto de Cooperación Iberoamericana.

Fueron asumidos los compromisos internacionales en la esfera de los derechos humanos , tanto a nivel de las Naciones Unidas como dentro del Consejo de Europa. El 28 de septiembre de 1976 se firmaron los Tratados Internacionales sobre Derechos Políticos y Civiles y sobre Derechos Culturales y Económicos, que entraron en funcionamiento en 1977, y, a finales de ese mismo año, España entró a formar parte del Consejo de Europa y firmó la Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Básicas.

El 28 de julio de 1977, España presentó su solicitud formal como miembro de la Comunidad Europea, recibiéndose una respuesta favorable del Consejo de Ministros de la Comunidad en septiembre de ese mismo año.

La rápida y progresiva incorporación del país a la comunidad internacional se hizo posible gracias a los avances conseguidos en la fundación de un sistema constitucional democrático y fue extremadamente beneficiosa para la política de consenso acordada por los principales grupos políticos y que les permitió dejar de lado asuntos potencialmente conflictivos. Por primera vez en muchos años, las políticas interior y exterior avanzaban de la mano, apoyándose mutuamente en la afirmación de los intereses españoles.

El proceso de adhesión de España a los principales instrumentos jurídicos internacionales para la protección de los derechos humanos fue seguida por la aprobación de la nueva Constitución en diciembre de 1978. En este ámbito, fue importante la ratificación, en abril de 1980, de la Carta Social Europea y de la Declaración de junio de 1980, reconociendo la competencia de la Comisión Europea de Derechos Humanos para actuar en demandas individuales. La ruptura del consenso en política exterior se produjo como resultado del anuncio de Marcelino Oreja, el 15 de junio de 1980, del plan del Gobierno de abrir negociaciones para la adhesión de España a la OTAN. Esta ruptura ocurrió en el momento más oportuno ya que el partido en el Gobierno, UCD, había entrado en un proceso de crisis interna que llevaría a su desaparición. La sustitución de Marcelino Oreja y José Pérez Llorca, a finales de 1980, y la dimisión del presidente del Gobierno Adolfo Suárez, en enero de 1981, pusieron en evidencia la reconocida inestabilidad del gobierno centrista. El nuevo gabinete, presidido por Leopoldo Calvo Sotelo, estuvo marcado en sus primeros momentos por el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y por una nueva dirección en política exterior, que iba a acelerar la integración de España en la OTAN en un contexto de complejidad interna, caracterizada por el débil apoyo parlamentario, la opinión pública adversa y un partido en su etapa final de deterioro.

En estas circunstancias se iniciaron las difíciles negociaciones para la renovación del acuerdo de 1976 con Estados Unidos, que estuvieron profundamente condicionadas por el proceso de incorporación de España a la OTAN. Tras varias sesiones de negociación infructuosas, los Gobiernos español y americano decidieron, en septiembre de 1981, prolongar el acuerdo durante 8 meses más, paralizando la renovación hasta que concluyera la adhesión de España a la OTAN, lo que se produjo el 29 de mayo de 1982. El 2 de julio se firmó el nuevo Acuerdo de Amistad, Defensa y Cooperación, pero su ratificación no se produjo hasta abril de 1983, después de que el Gobierno formado por Felipe González, líder del Partido Socialista, ganador de las elecciones de octubre de 1982, hubiera negociado y firmado un protocolo adicional al Acuerdo con los Estados Unidos.

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Reconocimientos